Relato porno: mi madre era una MILF y yo follaba con ella

No está bien decirlo, pero desde que tengo uso de razón me he recordado estando enamorado de mi madre. Entrando en su habitación y espiándola cuando se ponía totalmente desnuda. Recuerdo que cuando íbamos a la playa no podía parar de mirarle las tetas. Siempre ha estado bien dotada de una delantera prodigiosa. Unos pechos naturales de buen tamaño que siempre le hacían dos buenos bultos en sus camisetas. Mi madre era una MILF y yo follaba con ella cuando era más joven.

Así de claro y de directo me voy a mostrar en este relato porno basado en hechos reales.

Todo ocurrió unos pocos años después de que mi padre muriera. Si lo vemos de esta manera fue algo totalmente trágico: una mujer con 40 años, de muy buen ver y con un cuerpo envidiable, a la que se le muere su marido. Era tanto el cariño que ella le profesaba que decidió no volver a casarse ni mantener relaciones sexuales con otro hombre. Excepto conmigo, con su hijo.

La primera vez que follamos la recuerdo perfectamente. Habíamos estado los dos solos cenando en un restaurante. En esa misma semana yo había notada miradas raras por parte de mi madre y comportamientos extraños. Yo creo que ella sabía que la espiaba cuando se quitaba la ropa o se metía en la ducha. Empezó a hacerlo con más frecuencia y a ponerme menos barreras: dejaba la puerta abierta, me llamaba de forma accidental aparentemente para que entrara de forma abrupta en su cuarto y la viera desnuda… Etc.

Terminamos de comer y llegamos a la casa. Me senté en el sofá como de costumbre a ver la televisión. Mi madre se sentó a mi lado y puso su mano sobre mi entrepierna con una intención clarísima: quería que llegara a la erección con sus manoseos. Así fue, y de forma bastante rápida. Después de tantos años espiando a la misma mujer, de tener fantasías sexuales donde me imaginaba cogiéndola por las dos piernas, abriéndolas y follándomela por el culo, había llegado el momento en que lo que se me presentaba en sueños se volvía realidad. De todos modos, ¿quién me decía que no era un sueño? Lo parecía, pero no lo era. Cuando la penetré de una forma en la que había soñado innumerables veces, me di cuenta de que era una experiencia real, un incesto.

Lo primero que hizo una vez estuve con el pene en estado de erección fue sacármelo de la bragueta y empezar a chuparlo. Verla con sus ojos clavados en mi pene y su lengua en mi glande, hizo que me pusiera a 100 grados de lo caliente que estaba. Aguanté como un hombre su mamada sin llegar a correrme antes. Después fue el momento de la penetración, de gozar de su coño carnoso y sentirme en la gloria. Ahí sí que duré poco… Estaba demasiado buena para mí, era mi meta sexual en cuanto a mujeres. Tuve sexo con ella de todas las formas que había visto en el porno.

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